Aquí manda la pasión perica. Soy de esos que no se pierden un partido fuera de casa, que disfrutan la grada visitante como si fuera su segunda casa y que llevan el RCDE tatuado en el corazón.

Este rincón nació para guardar mis aventuras y desventuras como hincha incondicional. Durante los últimos tres años he ido coleccionando artículos, crónicas y pensamientos.

¿El plan? Compartir mi amor por el club de mis amores, conectar con otros adictos blanquiazules y mantener siempre encendida la llama perica.

En esta web están todos los artículos que he publicado en los últimos dos años.

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Lo más increíble no es que sigamos. Es que cada vez somos más.

Después de una década en la que hemos vivido situaciones difíciles de imaginar, lo normal habría sido que muchos se quedaran por el camino. Que las decepciones, la falta de títulos, la poca empatía y la falta de transparencia por parte del club fueran apagando poco a poco esa ilusión.

Pero ha pasado justo lo contrario.

Seguimos aquí. Y no solo seguimos: cada vez somos más.

Hemos batido nuestro récord de socios y, entre quienes llenan las gradas, hay algo que me emociona especialmente: cada vez vemos a más jóvenes animando al Espanyol.

Después de tantos años, hemos aprendido a aceptar que nuestro club tiene una característica que nunca nos abandona: el surrealismo.

Lo vivimos aquel día contra un Elche con diez jugadores que, aun así, nos dio un baño. Lo vivimos durante una racha de 18 partidos sin ganar. Lo vivimos celebrando una clasificación europea sobre el césped de Cornellà para después presentarnos en Wolverhampton con un equipo plagado de suplentes. Y lo volvimos a vivir cuando nos ilusionamos con la Copa del Rey y acabamos descubriendo que Barbastro y Atlético Baleares eran obstáculos demasiado difíciles.

Luego hacemos el mejor partido de la temporada contra los “Otros”, firmamos una primera vuelta impresionante y somos capaces de ganar partidos tan importantes como contra el Oviedo y el Athletic.

Y así seguimos, montados en una montaña rusa a la que, de alguna manera, ya nos hemos acostumbrado.

Pero después de tantos años hay algo que me sorprende todavía más: nuestro apoyo no depende de los resultados.

Y creo que ahí está una de las cosas que mejor definen a la hinchada perica.

Porque ser del Espanyol no consiste únicamente en celebrar cuando ganamos. También significa quedarse cuando las cosas se tuercen. Volver después de una decepción. Recuperar la ilusión cuando parece que se ha perdido.

Y ahora, cuando miro las gradas y veo cada vez a más jóvenes, pienso que quizá esa sea nuestra mayor victoria: que todo esto sigue.

Orgulloso de haber elegido estos colores y, sobre todo, orgulloso de compartirlos con todos vosotros.

FIN

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