
Comparaciones odiosas: el fútbol femenino
El domingo emprendí un viaje desde Salamanca hasta Eibar para vivir en directo el partido entre el Eibar y el Espanyol femenino. Solo el hecho de desplazarse para ver un partido de fútbol femenino ya provoca sorpresa y en bastantes casos rechazo. ¿Por qué cuesta tanto admitir que el fútbol femenino puede ser maravilloso? Luego, escuchas comentarios como que “el fútbol femenino no es fútbol, es otra cosa” o “para qué el fútbol femenino, si ya tenemos fútbol masculino”. Y como arma principal para desprestigiar: un equipo masculino juvenil o hasta cadete les daría un repaso terrible.
¿Por qué siempre se compara el fútbol femenino con el masculino? ¿Acaso pasa lo mismo en otros deportes? ¿Se escandaliza alguien porque el récord del mundo en salto de pértiga masculino está en 6.30 y el de las mujeres en 5.06? ¿O porque las halterófilas levanten menos peso? ¿Las «guerreras» del balonmano femenino deberían dejar de practicar su deporte porque los hombres les ganarían fácil? Puedo entender que a alguien no le guste el fútbol femenino, pero esta obsesión por compararlo con el masculino es absurda y perjudicial.
Muchos que despotrican contra el fútbol femenino luego en el voleibol playa prefieren ver el femenino… por el minimalismo de la indumentaria.
El nivel del fútbol femenino es cada vez más alto, hay más aficionados y se está profesionalizando rápidamente. Basta con ver la asistencia récord en el último Europeo en Suiza, o la pasión en partidos como Real Sociedad vs Athletic, Barcelona vs Real Madrid, del ultimo fin de semana con audiencias jóvenes, gran presencia femenina en las gradas y transmisiones en plataformas como DAZN.
En Eibar, el Espanyol ofreció un partido brillante: mucha posesión, presión alta, un cambio táctico significativo respecto al año anterior. Aunque perdimos contra Barça (0-2), Real Madrid (0-1) y Real Sociedad (2-3) dimos una imagen competitiva y luchadora, con una plantilla amplia y comprometida. Solo echo de menos un poco más de acierto ante el gol.
Además de disfrutar del partido en Ipurúa y celebrar una victoria a domicilio, quiero destacar el trato cercano y familiar que en cada desplazamiento recibo por parte del equipo y su cuerpo técnico. Tengo una fe ciega en la consolidación del proyecto de Dolors Ribalta, Carol Miranda y Sara Monforte. Son un triunvirato de implicación, dedicación y conocimiento.
El fútbol femenino es algo hermoso y avanza a pasos agigantados. Ojalá que nuestros nuevos dirigentes pericos compartan esta visión y ayuden a hacer algún fichaje que ilusione.
Ojalá que, con el tiempo, dejemos atrás las comparaciones negativas y aprendamos a valorar el fútbol femenino por lo que realmente es: un deporte en constante crecimiento y lleno de talento.
Nuestro equipo femenino se lo merece.





