
Diplomacia con corruptos: gracias, pero no
El RCD Espanyol no tiene nada que ganar manteniendo relaciones con el club de “Los Otros”, manchado por escándalos, favores arbitrales y un pasado reciente que insulta al fútbol limpio.
Basta ya de fingir cordialidad. El Espanyol ha ejercido un papel de club correcto, formal, “institucionalmente ejemplar”. Nos han vendido que hay que ser elegantes, incluso cuando el adversario no lo es; que hay que hablar de respeto, incluso cuando te roban el respeto.
Entre la hinchada y los medios pericos discutíamos sobre si había que hacerles un posible pasillo en Cornellà. Hemos perdido el norte. La pantomima de Hansi, mi paisano, con Manolo antes del derbi; Mini Chen sentado al lado del cacique azulgrana; los jugadores culés bailando la sardana en nuestro estadio … son solo algunos ejemplos.
Qué lección nos dio San Mamés el día que sus jugadores les hicieron el pasillo y el público los abucheó a rabiar. Y Masip quejándose de que tanto los hinchas como la directiva del Athletic “no saben estar”. Marionetas o muñecos de trapo dirigidos por el Frente Anti-culé.
El caso Negreira no es una anécdota. Es un escándalo histórico. Un club que pagó durante años a un vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros no puede seguir tratándose como un «rival deportivo». Es un adversario adulterado. Las competiciones en las que participó están contaminadas.
Esto no va de rivalidad ni de piques vecinales. Va de dignidad deportiva. Va de decidir qué tipo de club quiere ser el Espanyol. Porque no se puede hablar de valores y, al mismo tiempo, callar ante la podredumbre del otro lado.
Diplomacia con corruptos es complicidad. Y complicidad es traicionar a tu propia afición.





