Txomin Goikotxea y Klaus Subenbajen

He escrito esta historia para que nuestros directivos se den cuenta de que no se nos puede mandar al gallinero (en el Bernabéu) y cobrarnos 70 euros. Es un auténtico crimen.
El club ha decidido no entrar en Grada Visitante, alegando que así ingresan más por la venta de entradas en la zona visitante.
Pero, como entenderéis, a mí me duele pagar 70 euros en vez de 30.

Los nombres de Txomin Goikoetxea y Klaus Subenbajen son inventados, pero las historias son totalmente reales. Y sí… ha pasado exactamente así.

Un vasco llamado Txomin Goikoetxea decide ir a Dortmund a ver al Athletic en Champions.
Se levanta a las seis de la mañana, coge el avión, el tren, el autobús y, finalmente, llega al estadio.

Va a la taquilla visitante, pide su entrada… y le dicen: 18,50 €.
Lo mismo que pagaría por un partido cualquiera de la Bundesliga, sin suplemento por ser Champions.
Txomin los mira incrédulo y piensa: “¿Esto es Champions? ¡Si me cuesta lo mismo que un menú en la estación de autobuses de Vitoria!”

Txomin mira a su alrededor y sonríe: los colores, los cánticos, la pasión.
Se siente parte de algo más grande que él, una comunidad de hinchas que viajan kilómetros, gastan su tiempo y su energía simplemente para ver a su equipo.
Y todo por 18,50 €.
Txomin piensa: “Esto es fútbol. Así debería ser siempre.”

Un alemán llamado Klaus Subenbajen decide ir al Bernabéu a ver al Real Madrid contra el Dortmund.
Busca entradas en la web… agotadas.
Busca en anuncios online y encuentra uno que dice:
“Compra este bolígrafo por 500 € y te regalamos la entrada.”

Descarta el bolígrafo y va a la web oficial.
Ahí descubre la oferta “normal”: 250 € la entrada… pero primero hay que hacerse simpatizante.
Primero paga la cuota, luego rellena formularios interminables como si estuviera pidiendo una hipoteca, y de regalo le dan… ¡una bufanda o una entrada al museo!
Viaja cientos de kilómetros para acabar admirando maniquíes con la camiseta de Iker Casillas.

Cuando llega al estadio y se sienta, mira alrededor…
Su zona parece un safari de aficionados de paso: gente más pendiente del selfie para Instagram que del partido, otros buscando “su asiento”, y algunos preguntando al de al lado cuáles son los blancos y cuáles los amarillos.

Los socios de verdad… en casa, frotándose las manos y contando los billetes, planeando su escapada a la Costa Azul, mientras su abono hace más dinero que un fondo de inversión.

FIN

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