
Peligro: banderas. Podrían confundir Eibar con Barcelona
Como coincidían el partido del femenino en Eibar y el del masculino en Anoeta, decidimos acercarnos a Ipurúa para ver a las chicas. Fuimos bien equipados, con banderas de las diferentes peñas a las que pertenecemos, dispuestos a animar y dar algo de color a la grada.
Nos colocamos abajo, al sol, mientras las cerca de 200 personas que había en la tribuna principal disfrutaban de la sombra.
Nada más entrar pregunté al de seguridad si podíamos colocar las banderas. Nos dijo que sí, siempre que no taparan las vallas publicitarias. Perfecto. Las colocamos y asunto resuelto.
O eso creíamos.
Al poco apareció un señor para decirnos que aquello “no podía ser”. ¿El motivo? La televisión iba a enfocar la línea central durante la salida de los equipos y nuestras banderas podían dar la “falsa imagen de que el partido se celebraba en Barcelona”.
Nos miramos pensando que aquello era una broma.
Nos dejó dos banderas. Dos. Porque, evidentemente, tres ya podían provocar una peligrosa confusión geográfica entre Eibar y Barcelona.
Pero la generosidad duró poco. Un minuto después volvió:
—He recibido órdenes. Hay que quitarlas todas.
Todas.
Preguntamos si podíamos llevarlas en la mano.
—Sí.
Así que Amanda tuvo la brillante idea de juntar todas las banderas y sujetarlas entre los dos, cada uno por un extremo.
Problema resuelto.
O no.
Porque llegó la salida de los equipos y, después de todo aquel despliegue para evitar que las banderas aparecieran en televisión, ¿qué enfocaron las cámaras?
Las espaldas de las árbitras.
Ni banderas, ni grada, ni Espanyol. Nada.
Y ahí está el verdadero problema: no solo que nos hagan quitar las banderas, sino esa sucesión de decisiones absurdas, cambiantes y sacadas de la nada.
Un auténtico esperpento.
El cabreo fue monumental. Porque uno se desplaza, lleva sus banderas, intenta animar y dar ambiente a una grada que precisamente no estaba abarrotada, y acaba teniendo que discutir sobre si unas banderas pueden hacer creer a alguien que Ipurúa está en Barcelona.
Y luego nos preguntamos por qué muchas veces se te quitan las ganas de ir al fútbol.
Pues por cosas como esta.





